Algunos titulares de prensa recientes:

  • Continúan los signos de desaceleración de nuestra economía – ESdiario, 9 de Septiembre
  • El Círculo de Empresarios constata “signos de desaceleración” en la economía española – Expansión, 7 de Septiembre
  • Los empresarios alertan a Pedro Sánchez: “Hay signos de desaceleración” – EDeconomíaDigital, 7 de Septiembre
  • Cobre inicia septiembre a la baja por signos de desaceleración china – Estrategia, Chile, 3 de Septiembre
  • Van en aumento los signos de desaceleración en la economía – El Financiero, México, 3 de Agosto
  • ¿Llega la desaceleración económica? – Telemadrid, 5 de Septiembre
  • ¿Se avecina una desaceleración de la economía global? – CNN, 17 de Agosto

No hay que asustarse. Todavía no ha pasado nada, y tenemos tiempo para prepararnos por si llegase a pasar. ¿Está tu empresa preparada?

El problema de las crisis no es que ocurran. Hasta cierto punto es previsible el hecho de que ocurran, e incluso se pueden hacer estimaciones sobre cuándo van a empezar. Lo que es más difícil es saber cuánto tiempo van a durar y qué profundidad van a tener.

En la última crisis se vio que la mayoría de las empresas no estaban preparadas para afrontar dificultades como las que se produjeron. Desde exceso de deuda hasta rigidez de costes, la falta de preparación provocó el cierre de muchas empresas e importantes dificultades para la mayoría de las que sobrevivieron.

 

En este contexto, es adecuado preguntarnos qué aprendimos de la experiencia anterior, porque lo que aprendimos debe servir para afrontar nuevas dificultades cuando éstas vengan, que vendrán.

Por lo tanto, quizá haya llegado el momento de que el empresario empiece a preguntarse si su empresa está preparada para afrontar nuevas crisis, y en caso de duda someterla a un test de stress. Ese test permite identificar las principales áreas de riesgo y adoptar medidas preventivas, así como diseñar un plan de contingencia.

Además, estas medidas y el plan de contingencia pueden implementarse con éxito combinando los mecanismos financieros y organizativos con los mecanismos legales para prepararse, incluyendo distintos tipos de financiación, optimización fiscal, flexibilidad y reestructuración laboral, fusiones y escisiones, aportaciones de rama de actividad, venta de unidades productivas o activos que no constituyan el núcleo esencial de la actividad empresarial que se vaya a continuar, refinanciaciones, e incluso preconcurso, reestructuración empresarial y de deuda  aprovechando el concurso de acreedores, y otras medidas.

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